El Origen de “La Casa del Abuelo”

Desde que tengo uso de razón he correteado por sus rincones. Probablemente esta enclavada en el lugar más tranquilo y acogedor del mundo. Es atemporal. Pueden pasar lustros y suceder todo tipo de cosas que nos afectan, pero vuelves a esta casa y todo parece seguir igual que siempre.

La casa de mis abuelos es, sin duda, uno de los lugares que considero más míos. Mi familia, después de habitar 3 casas distintas se dividió en 2 y, desde entonces, cada mitad ha habitado 3 casas. Yo ahora vivo en mi cuarta casa desde que abandoné el nido familiar, pero “La Casa del Abuelo” siempre es la misma y te abraza de la misma forma cada vez que entras por el portón blanco y subes la cuesta.

En el jardín hay cuatro árboles que tienen más de 90 años, entre ellos una palmera que se puede ver desde las mejores vistas de Santander: Cabo Mayor, Cabo Menor, desde los jardines de Piquío, desde el toda la Bahía, desde la Isla de Mogro (ahora conocida como “Mouro”)… siempre erguida orgullosa coronando las tierras que compró el bisabuelo de mi abuelo a la I República.

En el año 1862, la ciudad de Santander regaló a la Casa Real la finca de “La Alfonsina”. Pero aquellos años fueron convulsos en la estabilidad política, corriendo tiempos difíciles para la monarquía, ya que 6 años despues, al grito de “¡Abajo los Borbones! ¡Viva España con honra!” se imponía “la Gloriosa”, cuya junta revolucionaria devolvería al pueblo de Santander la finca. Isabel II se exilió en Francia, y los borbones no volvieron hasta la caída de la Primera República. Momento en el que se metieron en un litigio con mi familia por la Alfonsina. Juicio, que ganó mi tatarabuelo, abogado y más listo que “El Pájaro”.

Es gracioso, pero esta es la historia de como mi familia se quedó con la residencia de verano que el pueblo de Santander regaló a Isabel II. Residencia que tiene más historias de las que jamás se podrán juntas, y que probablente se perderán para siempre si no le hecho la casta necesaria para continuar mis escritos…

Al principio, la finca era enorme. Mi familia adquirió la extensión equivalente a la actual manzana. La casa principal era “La Alfonsina”, que después se convirtió en Sanatorio, y más adelante cambió de manos hasta convertirse en el edificio de apartamentos que es hoy, palco preferencial tras la palmera de todas las reuniones familiares en el jardín. “La Casa del Abuelo” la construyó mi bisabuelo, junto a la casa de su padre. En la guerra, la requisaron las tropas republicanas y fue cuartel de intendencia de automóviles (o algo similar). Asesinaron a mi bisabuelo, las cosas de las malditas guerras civiles, en las que cualquier excusa es buena para quitar de enmedio a quien le parece a cualquier mendrugo con un fusil, y a la familia la desterraron a la “casa chica”, que no era otra que las cocheras de “La Alfonsina”.

Pasada la guerra, devolvieron la casa de mi bisabuelo a la familia. Cuando mi abuelo terminó sus estudios y fue prosperando, pudo comprar la que había sido casa de su padre, mientras el resto de la familia disfrutaba de otros inmuebles existentes en la finca. Hoy día, solo quedan las dos casas de la parcela de mi abuelo, el resto ha ido cambiando de manos.

Esta es hoy “La Casa del Abuelo”. Dos casas en una parcela con un precioso y coqueto jardín con todo tipo de flores. Casa a la que he estado siempre volviendo todos los veranos y Navidades. Nací en Santander, acabé siendo sevillano… pero allí sigo teniendo una parte de mi que jamás me quisiera perder. Si algún día la casa desapareciese… al menos he ido creando una maravilla de recuerdos como este que quiero compartir con vosotros.

7 de Agosto de 2010. Segunda aventura musical en “La Casa del Abuelo”. Mi familia ha confiado en mi y nos ha permitido abrir “La Casa del Abuelo”. Por eso, quiero aprovechar este rinconcito para darle las gracias, especialmente a mis abuelos… sin ellos no sería posible la preciosa aventura que hemos emprendido. Os quiero abuelos.

 

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Una respuesta para “El Origen de “La Casa del Abuelo””

  1. Margarita Dice:

    Entiendo perfectamente lo que sientes por esta casa. Yo también tengo un referente en la casa de Santillana a pesar de no ser mía y estar la pobre cayéndose de vieja.
    Me parece estupenda la idea de escribir la historia de la casa aquí pero, a pesar de que ya anteriormente leí lo que encontré de ella en Internet, no acabo de entender bien los dos procesos en que tu familia parece que estuvo a punto de perder la casa, el primero en 1862 y el segundo durante la guerra. ¿por qué no haces una cronología de lo qué pasó?. Me interesa. A mi me lo puedes contar algún día (cuando lo hiciste estaba pendiente de Ana y no lo pillé bien), pero también es bonito que el resto de la gente se entere y sobre todo que quede. Y… ¡que no se pierda la casa!

    Besos
    Marga

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