Me llamo X y tengo casi 31 años. Como muchísima gente de mi generación, en este momento no estoy trabajando para ninguna empresa. No quiero ser el abanderado de ninguna causa, ni describir mi situación actual desde un punto de vista victimista ya que probablemente mi stuación se debe principalmente a la forma en la que he afrontado mi vida laboral.
Llevo trabajando casi el mismo tiempo que llevo perdiendo el tiempo. Siempre me gustó holgazanear. Tendía a estudiar los últimos días antes del examen. Solo cuando veía las orejas al lobo me ponía las pilas. Me gustaba más lee r y jugar a las chapas. Prefería hacer la clasificación de la liga de chapas con sus estadísticas que estudiarme las ciencias naturales. Después llegó la época de las pipas en la placita y los amigos fueron sustituyendo a La Vueltas a la Casa de chapas.
Pero el trabajo estuvo ahí desde el principio. En un principio no era remunerado, y entre labores sociales y cometidos en casa o ayudas a familiares pasó mi adolescencia. No iba a ser todo servicio gratutito, y empezaron las clases particulares.
De una extraña manera y con la ferviente oposición de mi padre, que me venía venir, acabé estudiando una ingeniería. Muchos años sin acabar de implicarme con una carrera a la que no acababa de cogerle el punto. Me pasé a la ingeniería técnica porque me pareció tediosa la superior y pensaba que la acabaría antes. Mientras tanto, seguí con mi trabajito de profsor particular.
Solo deje de dar clases particulares durante los 2 años que estuve trabajando para una ingeniería. El trabajo me vino genial para decidirme a terminar de una vez las asignaturas que me quedaban. Dejé el trabajo, y por el péndulo de d’Ors, llegaron tiempos más distendidos tras dedicación intensiva al trabajo.
Cada vez quedaban menos asignaturas, pero la velocidad a la que disminuían era atenuada por mi guitarra y una bohemia que me hizo recolocar las cosas en su debido sitio. Nunca dejé a un lado la música, en ninguno de sus aspectos. Seguía asistiendo a más de 3 conciertos semanales, y oyendo música de todo tipo y en todos los momentos.
Comencé un proyecto de cooperación con una ONG como fin de carrera. Volvieron las clases particulares como modo de vida, y empecé a sacar dinero gracias a la música. Nunca pensé poder hacer de una de mis pasiones un trabajo, pero mi iniciativa por promover determinados artistas en mi ciudad natal (no en la que resido) me acabó convirtiendo en promotor musical. Un trabajo duro, y en el que el beneficio es poco, pero que me gratifica. Ver ojos brillantes y la complicidad entre el artista y el público no paga facturas, pero llena muchísimo. Y las clases particulares han estado pagando facturas y facturas.
Estoy indignado con el sistema mercantil de este país. Me parece lamentable tener afrontar unos gastos tan elevados de autónomo para poder facturar legalmente mi trabajo y pagar mis impuestos en un trabajo tan volatil y con una demanda tan puntual según el momento del año. Un profesor particular a domicilio puede llegar a facturar lo suficiente como para poder vivir dignamente y pagar sus impuestos. Pero no con este sistema que te empuja a la economía sumergida. Y probablemente la culpa de este sistema proceda de la picaresca, tan típica desde tiempos inmemorables, de nuestra tierra.
Mi fin de carrera con la ONG no trascendió. Me quedé con la sensación de ofrecer mis manos, mi tiempo y mi sudor a alguien que no lo supo aprovechar. Al final mi trabajo iba a ser para la galería y preferí cambiar de aires y de proyecto. Si quieres cooperar, o lo haces con una congregación religiosa o te montas tu propia ONG. Y si quieres hacer algo con una ONG, cuanto mayor sea más estandarizados tendrá sus procesos.
Mi sector no está muy bien. El sector industrial, que debería ser el que nos sacase de esta maldita crisis ocasionada por el ladrillo y la banca. Si consigo encontrar trabajo en mi sector, maravilloso. Si no, pues seguiré buscándome las habichuelas por donde pueda para pagar mis facturas. El ingrediente principal para conseguir comerse la tarta de la crisis es la imaginación… y arriesgarse.
A ver qué conseguimos….