Canción de Redención

Entrada escrita durante momentos de duelo por la pérdida de Ramón, mi padrastro.

La rabia y la ira son difíciles de contener en situaciones injustas. Cuando la tensión atenaza tu cuerpo y sientes tu ser proyectándose desde lo más recóndito de tu ser hacia esa gente que tienes frente a ti provocándote… Dios mío dame paciencia, dame temple, dame tranquilidad, dame sosiego, dame equilibrio, dame calma, dame serenidad…

Pero al final algo desencadena una “contenida” reacción. Digo contenida porque te apetece desatar tu ira y hacer estallar los tímpanos de ese enemigo que tienes frente a ti. Una vez tuve ganas de dar patadas en la cabeza a alguien, y estuve a punto de hacerlo… pero algo me paró. Llamad como queráis a ese “algo”… pero ese “algo” me hizo darle a esta persona un abrazo…

Ayer fue distinto. No fui capaz de dar un abrazo. Probablemente porque estas personas no eran próximas, conocía a varias de vista y al cerebro de la operación de oídas.

Traté de actuar con calma, pero no fui capaz de reprimir las ganas de duelo y reté al mafioso a “vernos ahí arriba” cuando pasase todo aquello mientras trataba de obligarles a abandonar el lugar. Y me quedé a solas con el cerebro. teníamos 1 metro de radio para poder desarrollar nuestra lucha dialéctica, un metro que todos respetaron.

Es cierto que me sentía arropado. El silencio complice que me acompañaba desde atrás fue suficiente paradarme alas y mantenerme erguido ante la ignorancia. La ignorancia y el egoísmo van de la mano. Y con una mano agarran a ambos las almas simples. La otra mano les sirve para aferrar fuertemente al miedo.

El miedo a lo desconocido. Lo desconocido para esta gente es un ladrón de guante blanco. Un ladrón que quiere quitarle lo suyo a sus polluelos… Polluelos que con lágrimas en los ojos ruegan que no continue un espectáculo lamentable, suficiente ha sido el drama para ellos como para aguantar a los mayores haciendo el gilipollas bajo la lluvia y el eco del mar rompiendo contra las rocas.

La mar impasible rompía contra las rocas arrastrando espuma y arena. Los pájaros seguían planeando sobre nuestras cabezas. Movimientos que tanto relajaban a alguien que se fue y por fin pudo convertirse en pájaro para ser libre de esa tensión que nos rodeaba. De fondo quedaba en nuestra memoria la tranquilidad dolorosa que embargaba todo antes de que llegase aquella demoníaca tropa venida desde los bajos fondos de la “alta sociedad” de la ciudad que quiso imitar a la nobleza.

Todo tenía que haber salido de otra forma. Pero quizá él sabía que sucedería así… Es muy difícil que las cosas cambien, y más si la gente no piensa con la cabeza y actua con el corazón. Maldito dinero.

Para él esta canción de Libertad, ahora entiendo hasta que punto vivió bajo determinadas esclavitudes. Por eso siempre añoraba tanto esta libertad que ha conseguido.

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