Renacer con el Nuevo Día

Adjunto un relato que he escrito sobre el Amor y el Desamor. Está ambientado en mis amados Cabo Mayor y playa de Mataleñas, aquí en Santander. Es una pequeña vomitona esperanzadora sobre la vida.


El amor va siempre en una dirección. Es algo intrínseco a él mismo. La pobreza de espíritu de los humanos nos hace soñar con un amor bidireccional, y esto nos hace irremediablemente caer en la cuenta de que nuestra naturaleza no nos empuja más allá del egoísmo. Es cierto que hay que distinguir entre tipos de egoísmo, ya que hay egoísmos egocéntricos y egoísmos desprendidos. Mi humilde forma de ver la vida me hace ver que el camino del ser humano no debe ser otro que aquel que empuja a salir de nosotros mismos y transformar ese eogísmo egocéntrico en entrega.

Cuando un amor no es correspondido, debemos ser lo suficientemente inteligentes como para transformar ese amor unidireccional y concentrado solo en un punto de la inmensidad del universo, en un amor más desprendido y enfocado al entendimiento del medio en el que vivimos. Un amor enfocado a las reacciones humanas y su enorme complejidad. Un amor enfocado a nuestra pobre naturaleza imperfecta.

Para ello, es necesario una apertura de miras para entender que toda la maravilla del amor, toda la magia que envuelve las situaciones que hemos vivido, no es más que la magia que llevamos dentro. Ese brillo maravilloso de aquellos ojos que nos daban la vida no es más que la suma de aquel brillo y el reflejo del nuestro. Solo nos evoca todo aquello maravilloso que proyectamos hacia la otra persona. Aquellos momentos de risas vividos, aquellos tiernos… todos aquellos que nos dieron ese enorme bienestar que pensabamos que lo justo sería durasen etérnamente, no son momentos ajenos a nosotros. Tendemos a confundirnos asociándolos solamente a aquella persona de la que nos enamoramos. Es un gran error del alma enamorada. En aquellos momentos, el alma enamorada es el actor principal y no el ser amado. Pero es cierto que aquel sentimiento es una proyeccion, una proyección hacia el ser amado.

El ser amado es el receptor de la mágica y misteriosa reacción que se produce en nuestro interior y que es fruto del enamoramiento. Nuestro egoísmo egocéntrico sale proyectado hacia afuera y se convierte en enetrega. Una auténtica maravilla para las relaciones humanas. El objetivo de esta proyección, evidentemente, es merecedora de ella. Pero de forma evidente también, no puede ser la única merecedora. Hay muchísima gente que puede ser nuestra media naranja. Pienso que todos los seres humanos somos especiales. Para darnos cuenta de ello, solo hay que saber mirarlos y llegar a empatizar con ellos. Tú eres especial, yo lo soy, de la misma forma que la persona con la que compartirá la vida de la persona que amas después de darte el portazo en la cara con el que se despide de tí. Igual de especial que la persona hacia la que proyectarás sueños cuando dejes de soñar hacia ese inapreciable punto del infinito.

Llegado el desamor, uno se da cuenta de que no era lo suficientemente especial para la otra persona, que ésta le pide más a la vida y que la proyección de su amor va más allá de ti, y que la vida para ella está en otra parte y no se proyecta hacia el mismo punto que tú. Llegado a este punto no hay más remedio que claudicar, reírse de uno mismo, maldecir al amor y la estupidez humana. Es el momento en el que uno debe decidir continuar por el camino de la felicidad.

La felicidad no es más que una opción que los seres humanos podemos escoger en cada momento. Pienso que la felicidad es un estado mental. Es vivir con optimismo y mirar con cariño el entorno en el que vivimos buscando la parte buena de todo lo que nos rodea y de lo que somos. Evidentemente hay muchas cosas que nos hacen sentir mal, que nos frustran, que nos entristecen… Cuando llegan estos momentos, después de un proceso de asimilación, es cuando debemos aprender a reírnos de nosotros mismos y retomar la senda de la felicidad que nos lleva al camino del crecimiento personal. Es difícil llegar a ál, pero debemos desprendernos de todo lo negativo y tomarlo. En realidad es nuestra opcióny depende solo de nosotros mismos.

Llegado el momento del desamor, entiendes que has aparecido en un momento de la vida de la otra persona poco oportuno. No era el momento, así que simplemente pasas por la vida de la otra persona mejor o peor, eso ya no importa, porque simplemente pasas. La forma de pasar solo deja mejores o peores recuerdos. Entonces… ¿qué hacer? ¿cómo no vas a seguir feliz por tu camino? Debes optar siempre por la felicidad. Ríete de ti mismo, es tú momento.

Descálzate, siente como pisas la yerba fresca. Tus pies pasan sobre la yerba húmeda por el rocío del alba. Un nuevo día se vislumbra desde lo alto del acantilado y el sol va tiñendo sobre el mar de un color anaranjado el horizonte. Es momento para un nuevo despertar, déjate llevar por tu instinto. Alza la cabeza, el frescor de la mañana refresca tu cara plagada de lágrimas. Bajas lentamente la cabeza, y sol que comienza a aparecer en el albor del día empezará a secar tu cara. Las lágrimas que llegarón a tu boca debes saborearlas. Son el mejor jarabe para la cura de las enfermedades del alma.

Déjate caer sobre las rodillas. Que el leve dolor físico te espabile y eclipse el dolor emocional que tus frustraciones te hacían sentir la noche anterior. El viento que sube por el acantilado te limpia de frustraciones y te hace libre. Aquella persona se fue de tu lado, y ahora te queda lo más importante, te queda algo que nunca nadie podrá quitarte. Te tienes a ti mismo, y debes empezar a disfrutar de ti mismo.

Déjate caer hacia atrás y rueda por la yerba. Que el sol empiece a descongelarte y a quitarte el frío que te ocasionaba la noche y tus propias tinieblas. Expulsas tus miedos y poco a poco vas vislumbrando el poderinfinito de la vida y la magia que todo lo envuelve te hará romper el silencio que guardas en una preciosa carcajada que se une al sonido de las olas allá abajo y al viento que ruge subiendo pequeñas partículas de agua salada. Tu risa se une a los coros de gaviotas que vuelan a tu alrededor buscando comida en el lecho del padre océano.

Ayer pensabas tan solo en la triste miseria de la soledad, y al pasar la noche aquel recuerdo de la persona que te dejó atrás prácticamente ha desaparecido en el limbo de los bonitos recuerdos. Hoy la certeza de que nunca estarás solo te invade. Nunca estarás solo porque te tienes a ti mismo, tienes dentro de ti un ser maravilloso capaz de crear y albergar maravillosos sentimientos, maravillosas acciones y con un potencial que ni tú mismo eres consviente.

El perfume de la yérba húmeda, del salitre, de la tierra, de las flores, de los mojones de vaca y tu propio aroma te envuelve. Cierras los ojos y respiras profundo. Dejas el aire unos instantes en tus pulmones y exhalas lentamente todo el aire hasta que no puedes sacar más aire. No vuelves a respirar hasta que sientes que no aguantas más, y, entonces, una gran bocanada de aire entra en tus pulmones llenándote de vitalidad. Abres los ojos. Te incorporas lentamente.

El sol ha ascendido bastante sobre el horizonte. Te pones en pie. Recoges la guitarra, pronto llegará el momento en el que vuelva la música. Bajas a la playa después de mirar con ojos risueños el horizonte. Te sientes vivo, increíblemente vivo. Te das cuenta de que has vuelto a nacer. Siempre somos capaces de renacer de nuestras cenizas, como el ave fénix. Podemos vencer nuestras miserias con nuestra mejor arma, la más maravollosa de las que disponemos: nuestro pensamiento. El pensamiento dirigido por la voluntad es capaz de cualquier cosa que se proponga.

Ya estás abajo, en la playa. Avanzas hacia la orilla atravesando la arena seca. El suave tacto de la arena fría en las plantas de tus pies te prepara para el impacto térmico del golpe de la ola que rompe ante tí. Esta ola te recuerda que futuros golpes aparecerán en tu camino: desanimos, tristezas, frustraciones… pero sabes que dispones de todos los medios para volver a renacer como lo has hecho este nuevo día.

Te regalas a ti mismo una enorme sonrisa complice mientras recorres la playa enterrando los pies en la arena de la orilla a cada paso. Estás vivo. No puedes ser más feliz.

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