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Exitus Finalis

octubre 19, 2009

Os voy a colgar un post muy especial para mi y para mi familia. Hablo de una genial obra de teatro, primero os voy a hablar un poquito sobre alguna vivencia que pasécon mi familia, momentos duros en los que, creo, se apoya bastante la obra… después os dejaré colgado el “trailer” de la obra, y un vídeo con los comentarios de gente al salir de la obra.

Santander, Noviembre de 2007.

Tras recorrer la piel de toro llegué a la ciudad que me vio nacer. Aquel viaje no era un viaje convencional. Fue poner pie en tierra tras muchas horas de autobús y recibir la funesta noticia que no esperaba, pero presentía.

Toda muerte inesperada te deja con cara de gilipollas. Y, cariacontecido, ves como comienzan a suceder extraños acontecimientos que ni el más disparatado guionista podría escribir.

Determinadas hechos te hacen ver lo imposible, justificar lo inexplicable. Tu cerebro no está preparado para afrontar determinadas cosas y tiende a unir puntos inconexos por un camino más corto que la línea recta.

El vuelo de un pájaro; una canción que suena en un momento determinado; unos vinos blancos y un brindis con una copa de más, y con una copa más para el que ya no estaba, sentados sobre los capós de los coches en un sitio especial… Pugnas absurdas por posesiones materiales y, de repente, un ambiente que se podría cortar a navajazos. El tiempo se detiene. La cabeza no rige, el corazón lo intenta. Todo el mundo está dolido por la pérdida y cuesta poner cordura.

Todos estos momentos los viví al lado de un tío maravilloso. Un momento así une mucho y de una forma bastante inexplicable. Me siento profundamente unido a él. Será porque ante determinadas situaciones, confluyen personas con formas semejantes de ver la vida… o no, pero él era una de esas personas que, solo su presencia en aquellos duros momentos, soliviantan el alma. Para mi madre y para el que se fue, era alguien muy especial, y ahora lo es también para mí. Estoy hablando de mi primo Pakito.

Y lo cierto, es que las veces que nos hemos visto se pueden contar con los dedos de una mano. Para mi, suficientes como para quererlo con todo el alma.

Mi Pakito era actor. Después de haberle visto actuar, no es actor. Es un actorazo. Recuerdo perfectamente haberle oído decir en casa de mi abuelo: “Esto es para escribir una obra de teatro”. Y menuda obra chicos. El niño nos salió dramaturgo y, evidentemente, no he visto en el teatro “Macías”, del auténtico y genuino “Pobrecito Hablador”, pero estoy seguro que se la come con papas.

El teatro es un género que tengo muy abandonado. No me siento capaz de emitir una crítica, y solo pretendo describiros lo que sentí y lo que vi.

La interpretación me pareció soberbia. La puesta en escena fascinante. Como atrezzo 4 puertas correderas que, yo diría encierran magia. Y, con simplemente dos sillas y una camilla, consiguen llevarte al huerto. Transiciones escénicas que sumergen.

Pakito y Diego, como se llama su socio, consiguen a la perfección conducir el hilo de una buenísima historia, rica en personajes, simplemente poniendo y quitandose una bata y una chaqueta.

Un tema tan difícil como la muerte, lo tratan con una delicadeza desmesurada, consiguiendo convertir la angustia en sonrisa, la lágrima en carcajada.

Y lo mejor, es ver el resultado que causó la obra en mi madre. Yo estaba temeroso. Han pasado dos años, y a ella el hondo dolor causado por esta ausencia de la que os hablo le ha tocado de una forma muy especial. Él se fue, ella se quedó. Es imposible adivinar lo que debe causar esto en los vericuetos del alma. Y… la obra está escrita de la mejor forma para acariciar el alma de mi madre….

Podría decir muchas cosas más… pero solo puedo decir…

MUCHISIMAS GRACIAS PAKITO, ERES UN AUTÉNTICO GENIO. TE QUEREMOS.

Trailer de la obra: